viernes, 27 de febrero de 2015

Mind the Gap


Así, dicho y hecho. Pensándolo poco. Un viaje a Londres preparado con poca antelación y aún menos planificación. Para desconectar. Dar largos paseos y decidir cada mañana qué nos apetecía hacer. Lo único premeditado durante estos cuatro días fue visitar el teatro Prince Edward para asistir al musical Miss Saigón.

LDR_7956Hacía algo más de año y medio que Isa y yo no volvíamos por esta ciudad que tanto nos gusta y eso había que corregirlo. Hubo un tiempo en el que el promedio de visitas era de 2/3 veces al año. Cuando era posible hacer visitas cortas de fines de semana. Cuando Vueling tenía a buen precio un Sevilla-Heathrow sin escalas con unos horarios hechos para irte un viernes al mediodía y volver el domingo por la noche. Desde hace un tiempo en esta bendita ciudad cada vez tenemos menos destinos a los que volar sin hacer un puñetero transbordo o pagando una burrada con Iberia. Menos mal que existe el aeropuerto de Málaga.

Lo bueno de Londres es que es imposible acabársela. Siempre te dejas algo para la próxima, algo para repetir y algo nuevo para añadir. Casi todo el que me conoce piensa por culpa de mi acusada cinefília y mi devoción por el Woody Allen más neoyorkino que Nueva York es mi destino favorito. Y ciertamente es uno de ellos, una ciudad a la que también me gusta volver una y otra vez. Pero un día Londres se coló por la puerta de atrás seduciéndome para alcanzar el puesto número uno.

Muchas sensaciones me transportan mentalmente a Londres. El olor del bacon y la cebolla lo hacen. También los muffins de chocolate. Pero también me transporto con el sonido. En mi ordenador tengo un archivo de audio que registré hace unos años con el móvil mientras viajaba en metro desde Heathrow a Leicester Square. Es la locución con el famoso Mind the Gap que avisa en cada estación que tengas cuidado con el hueco entre vagón y andén. Escucharla en esa línea de metro era la señal inequívoca de que había llegado. "Mind the gap between the train and the platform". A veces cuando rebusco entre las notas de audio en iTunes me la encuentro y no puedo evitar la tentación de escucharla. Puede parecer una tontería pero es el mejor teletransportador que conozco. En segundos me traslado desde mi escritorio al eterno bullicio subterráneo de esta ciudad.

Me gusta la sensación de viejo. Los restaurantes tienen aspecto vetusto. Paredes de ladrillo visto, suelos de madera, cristaleras gastadas. El lado opuesto de Ikea. ¿Locales modernos de diseño? Sí, los hay pero los esquivamos. Galerías de arte, librerías, tiendas de discos (cada vez menos desgraciadamente)... el paraíso de las compras de cualquier tipo.

Me gusta Covent Garden. Gentío callejero, tiendas, comida, artístas callejeros con público respetuoso al que no le duele en prendas dejar un par de libras en la cestilla. Desde hace tiempo siempre vamos al mismo hotel a solo un minuto de distacia. Estar cerca de Covent Garden es estar cerca de todo.

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Panorámica de iPhone en Covent Garden
Hacía mucho frío. Entre -1 y 8ºC. Al menos es mucho frío para dos andaluces. Creo que ha sido la primera vez en mi vida que he hecho fotos con guantes, una prenda que no me gusta usar mucho. Así que he procesado todas las fotos de exterior con temperatura de color fría para acentuar esta sensación.

Esta vez me he ensañado con la catedral de St. Paul durante un paseo la mañana del viernes que empezó en el puente de Waterloo para seguir por la orilla derecha del Támesis hasta el Millenium Bridge, con parada en la Tate Modern. Volviendo luego por la calle Fleet, donde tenía el negocio Sweeney Todd, y acabando en el Soho para comer en Tuscanic.

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En medio de todo eso una visita rápida a la Tate Modern, uno de esos museos donde el edificio es tan interesante como el contenido. Si tu obra no cabe en esta galería es que eres un pintor o un escultor muy bestia. Y si eres fotógrafo ya me contarás dónde hiciste las copias de semejante tamaño. Aunque las fotos están hechas con 16mm en full frame sólo tenéis que mirar la proporción con las personillas  que aparecen en las fotografías.

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La galería Tate fue hasta 1981 una antigua central eléctrica y de ahí ese look industrial dentro
pero sobre todo fuera.
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El otro gran paseo fue Camden Town. El paraíso de la comida callejera, de las compras, de la artesanía, de lo alternativo, del "second hand". Merece la pena aunque no quieras comprar nada, cosa que será imposible porque siempre caerá algo.
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Hablaba al principio de Miss Saigon. Cuando compramos los billetes de avión no pensaba en la posibilidad de ver el reestreno de este musical, el otro gran éxito de los autores de Les Miserables. Las entradas se agotan rápido y cuando quedan suelen ser de visibilidad reducida o tan lejanas como la puerta de salida. Pero miré la web por si acaso y de forma inexplicable para la poca antelación con  la que compraba, encontré dos butacas centradas en la fila sexta para el mismo día de nuestra llegada. ¿Una devolución?. ¿Quién quería saberlo?. Hice click con la tarjeta de crédito en los dientes antes de que volaran.

Hace muchos muchos años me gustaba escuchar la radio por la noche. Uno de los programas que descubrí por casualidad y que se quedó entre los habituales era La Calle 42, presentado por José María Pou y Concha Barral. En ese programa comencé a descubrir el musical en teatro más allá de lo que conocía hasta el momento a través de viejas películas musicales. Me refiero a musicales de verdad, con el diálogo cantado al estilo West Side Story, Cantando Bajo la Lluvia o El Violinista en el Tejado. Y ahí descubrí cosas como Into the Woods, Sweeney Tood o Les Miserables mucho antes de que se convirtieran en películas. Uno de esos descubrimientos fue Miss Saigon.

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Miss Saigon es una versión actualizada de Madame Butterfly ambientada en la guerra de Vietnam. Recuerdo haber visto en televisión una ceremonia de entrega de los premios Tony (cuando en España sólo había dos canales, más los autonómicos) y ver algunos fragmentos de este musical. Me sorprendió tanto que acabé comprándome el vinilo y años más tarde la versión en CD.

En su momento hacer un viaje a Londres me quedaba largo para mi poder adquisitivo pero ahora, en su reestreno por el 25 aniversario tenía la oportunidad de saldar la deuda. Y como se puede ver no hemos desaprovechado la oportunidad.

Aquí el tráiler de la obra.





martes, 10 de febrero de 2015

La Norma

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La norma suele ser que las fotos estén en el blog el día del estreno. Pero me vais a perdonar el retraso de esta vez y el chiste tan malo que acabo de hacer. Demasiadas horas delante del ordenador en el trabajo y en casa. Así que procuro recortar en las de casa que en esas no me recortan el sueldo.

Pero aquí estoy. Cargado de fotos para vuestra desgracia. En esta ocasión con una de esas óperas con poca iluminación pero sin pasarse, con ISOs entre 640 y 800, en algunos momentos bajé a 400 buscando la limpieza de ruido. Con luz constante en casi toda la obra. El 90% de las fotos en modo manual sin miedo a que se fuera de madre la medición. El resto en prioridad de diafragma.

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Mucho coro sobre el escenario, tenía que haberme llevado el 35mm fijo y lo dejé en casa por error así que tuve que encajar a todos con el 50mm rozando los bordes pero también hice algunas fotos pensando en fusionarlas posteriormente con Photoshop.

Por otra parte el escenario invitaba a abrir ángulo. La escenografía estaba en su mayor parte formada por unas grandes rocas que cambiaban su disposición conforme evoluciona la historia.
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No conocía esta ópera salvando las arias acostumbradas pero como todo lo italiano entra muy bien en primera escucha. Una breve selección.
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A todo esto, he estado probando un software de Microsoft, sólo para PCs que fusiona panorámicas de una manera excelente. Es gratuito y permite muchas posibilidades. Espero que hagan una versión para Mac porque me encantaría hincarle el diente.


 El resultado de la unión de tres fotos.



 

miércoles, 4 de febrero de 2015

No Me Podía Resistir...

Hace un ratito que acabo de volver del ensayo general de la ópera Norma. Normalmente descargo las fotos en el ordenador, ceno algo y me voy a la cama. Pero no me he podido resistir a echar un vistazo por encima. Y después no me he podido resistir a procesar algunos RAWs. Y después no me he podido resistir a poner una fotillo aquí.

Lo sé. Soy muy débil. En un par de días habrá más.

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jueves, 15 de enero de 2015

Te Lo Juro Por La Cobertura De Mi Cámara

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Sé lo que estáis pensando al ver esta foto: lo que nos faltaba. Como si no hubiera ya demasiadas fotos de gatos por internet para que encima venga éste y nos plante otra. Dejadme que os explique el por qué de la foto.

La foto proviene de mi nueva cámara. Una que lleva incorporado un teléfono que incluso navega por internet. Me pareció una foto perfecta para mostrar las capacidades del teléfono, perdón quería decir cámara. No está postprocesada y se muestra tal cual sale del teléfono (marquito aparte). Se puede apreciar que está hecha en interior con luz escasa procedente de una ventana lateral. Sus valores exif:

Obturación: 1/15 · Diafragma f 2.2 · ISO 640

Volved a la foto y fijaros en el fondo donde sería más fácil apreciar el ruido. Esta foto sería impensable hace unos años incluso en cámaras compactas. Incluso diría que el ruido es más aceptable que el de algunas réflex de hace ocho años. Pensar que un teléfono haría una foto de interior con esta definción y limpieza era impensable hasta hace bien poco, incluso asumiendo que la equivalencia entre el ISO de las compactas y los teléfonos no se suele corresponder con el de las réflex.

Un ejemplo más, también sin postprocesado.

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Fondos oscuros donde es bastante más facil percibir el ruido. Este afinador realizaba su trabajo en el foso de la orquesta al que yo me asomaba desde arriba. Para poner la cámara a la altura de él tuve que inclinarme y estirar mi brazo pues yo estaba asomandome al foso desde el patio de butacas con mis pies a la altura de su espalda. Las condiciones de estabilidad no son precisamente buenas teniendo en cuenta la postura mientras disparas y sujetas el teléfono con la misma mano. Sin embargo la foto está estabilizada (con una obturación de 1/20s). El ISO esta vez es de tan solo 250 (equivalente a un valor más alto en réflex), pero incluso con esa sensibilidad la mayoría de las compactas con sensores RGB mostrarían ruido.

De hecho lo que más me llama la atención es que las fotos con la aplicación nativa son realmente limpias. Sólo cuando realizo alguna edición con aplicaciones móviles y ciertos filtros comienza a ponerse más de manifiesto el ruido aunque todavía en un grado aceptable.

La siguiente foto está hecha con Camera +. Teniendo en cuenta que el canal azul es el más puñetero generando ruido los resultados no están nada mal. Más aún cuando se tira de un ISO suficiente como para hacer la foto sin trípode.

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¿Por qué me refiero al cacharrillo en cuestión, un iPhone 6, como cámara y no como teléfono? Pues porque antes de tenerlo lo que me hacía más ilusión no era ni su chip NFC, ni su sensor de huella, ni su pantalla megadefinida, ni su extrema delgadez. Lo que realmente me fascinaba era su función de cámara fotográfica. Tras tres meses de uso intensivo la expectativas están más que satisfechas. No por esto debéis interpretar que lo he comprado con el único reclamo de su cámara. De hecho a mí lo de la telefonía móvil y lo de llevar cacharrería en los bolsillos es una cosa que nunca me ha vuelto loco.

Con la llegada de iOS 7 llegó el momento de jubilar mi viejo iPhone 4 con algo más de 4 años por lo que decidí esperar algunos meses a que saliera el nuevo modelo en vez de buscar un 5S. Lo hice así porque considero que la mejor manera de hacer que un gadget no sucumba rápido a la obsolescencia programada es comprar un producto al comienzo de su ciclo comercial.

Dos motivos para considerar el cambio:

  • No debí actualizar a iOS 7 aunque eso supusiera que muchas aplicaciones ya no serían actualizables por limitaciones de compatibilidad con sistemas anteriores. El funcionamiento de un iPhone 4 con iOS 6 aún era aceptablemente fluido.

  • 16 Gbs es poco para un tipo como yo que pretende llevar encima toda la música del mundo, los numerosos podcasts que oigo mientras conduzco y las tropecientas fotos hechas tanto con el propio móvil como con cámaras réflex (es maravilloso poder llevar tu portfolio en el bolsillo aunque sólo sea para chulear con los amigos).


Estoy satisfecho con el iPhone 6 pero si tengo que poner dos peros serían los siguientes:

No me gusta el tamaño. Demasiado grande. No digamos ya el iPhone 6 Plus. Ya sé que los estudios de mercado dicen que estamos locos por tener el móvil con la pantalla más grande cuando hace unos años estabamos locos por todo lo contrario. Pero ése no es mi caso. Lo que le pido a un móvil es que sea eso: un móvil. Meterlo en el bolsillo de mi pantalón sin temor a perder mis órganos reproductores externos. Para mí el iPhone 5S tenía una pantalla que todavía tenía sentido, no ya por cuestiones bolsilleras sino porque aún se puede manejar con una mano. Con el 6 es imposible, más aún para mí que tengo manos pequeñas, incluso usando el truco para bajar la pantalla. He terminado resituando los iconos de las aplicaciones de uso frecuente en las tres últimas filas por encima del dock y pensando en que serán usadas utilizando mi pulgar izquierdo.

No me gusta que la cámara sobresalga aunque sólo sea un milimitrillo. Demasiada expuesta una parte tan apreciada. Prefieron un arañazo en la pantalla antes que en el objetivo. Yo soy de los que llevan el móvil sin funda y por lo tanto sin protección extra. ¿Para que quiero un objeto que es una pieza de diseño industrial si luego lo meto en un plástico que  lo oculta?. ¡Es como comprarse un Ashton Martin y ponerle una funda imitación leopardo comprada en Carrefour para proteger los asientos de piel!. ¿Me captan?. Sí, yo soy de los que  quitan todas las protecciones y adhesivos a los cacharros en cuanto salen de la caja. No acabo de entender que alguien tenga una magnífica pantalla retina en su tableta o teléfono con un plástico haciendo burbujas. Sí, ya lo sé: eso lo digo porque no tengo hijos, ¡pero podría dar nombres sin ellos!.

Al Grano: Las Fotos.

 

Mi primer móvil con cámara, un Sony Ericsson de antes de la era smartphone, cumplía muy muy justito. No creo que hiciera más de 50 fotos durante el tiempo que lo tuve. Sin embargo en la actualidad son varios los teléfonos que justifican la no compra de una compacta. Hay una gran parte de usuarios accidentales de cámaras que no necesitan más complicaciones que las que un móvil proporciona. No hay que tener capacidades paranormales para prever que a las compactas les quedan dos telediarios. Las lentes y los sensores han mejorado notablemente. Los niveles de ruido han descendido a cotas aceptables y cada vez hay más gente que entiende que más píxeles no significan forzosamente más calidad. Por supuesto hablo de fotos sin ayuda del flash. Para mí el led de los móviles sólo tiene utilidad como linterna o para hacerte un retrato con aspecto de ficha policial.

Sin duda los filtros Instagram y derivados han jugado un papel importante en la popularización de la fotografía móvil. No sólo te hacen parecer un tipo creativo. Tras toda esa estética de película pasada de fecha, falsos arañazos o velados parciales en un hipotético negativo, es muy fácil esconder las deficiencias de una cámara regulera. Prácticamente era obligatorio hacer una edición posterior al disparo en los primeros smartphones con cámara.

Eso no quiere decir que ahora que la tecnología ha mejorado haya que abandonar los programas para aplicar filtros y efectos con apariencia retro. Las fotos de móvil tienen demasiado foco, y son demasiado electrónicas. Como si  fueran fotogramas extraidos de un vídeo. Normal, puesto que eso es lo que son. Reconozco que sigo abusando de estos filtros, en la mayoría de los casos para tratar de mitigar ese exceso de enfoque. Para mí, amigo de las ópticas fijas de gran apertura, la excesiva profundidad de campo de las compactas y más aún de los móviles es casi hiriente, llevándome a usar casi por defecto los filtros de viñeteado y efecto Tilt Shift para separar sujeto y fondo.
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Es Fito, el mismo gato de la foto inicial.
Un tipo simpático que además de buen modelo se lleva de calle a las gatas de su barrio.

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Ambas fotos editadas con Kitcam.

Mi aplicación de cabecera siempre ha sido Camera +. Sin duda la mejor para hacer fotos sin aditamentos por su posibilidades para controlar los parámetros de disparo. Lo más parecido a tener una cámara manual. También es versatil en cuanto a edición y filtros pero desde el cambio al nuevo modelo he incorporado al uso dos nuevas aplicaciones: Kitcam y Aviary, la primera de ellas a duras penas podía arrancar en un iPhone 4. Ambas aplicaciones no tienen tanto control sobre la cámara como Camera + pero sus filtros me gustan mucho más, especialmente en Kitcam. La apreciación sobre los filtros es claramente subjetiva en cuanto a su belleza pero estas dos aplicaciones ganan en número y variedad sin necesidad de hacer compras adicionales. Así que por lo general suelo hacer la foto con Camera + y cada vez más con la aplicación nativa de IOS 8 desde que incorporaron la función de control de la exposición. Posteriormente edito con cualquier aplicación de las mencionadas.

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Fotos editadas con Aviary

Suelo hacerlo así en el mayor número de casos porque me gusta conservar una versión sin modificar de la foto a modo de pseudoraw para poder practicar a posteriori varias posibilidades de postedición (o porque a veces las cosas no necesitan más complicación). De paso tengo menos posibilidades de que el momento se escape mientras me enredo en seleccionar opciones antes del disparo.

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 Foto 100% ecológica: sin aditivos, ni colorantes.
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Foto postprocesada.

De todas las mejoras encontradas en el paso de un modelo a otro quizás la más esperada sin que se tratara de una novedad (ya estaba presente en el modelo 4S) era la posibilidad de hacer panorámicas. Ya conocéis mi pasión por este tipo de formato. Y sí, ya sé que en modelos anteriores sin esta característica se podían hacer panorámicas con aplicaciones de terceros. Prácticamente las he probado todas, pero siempre he echado de menos la rapidez y simplicidad con que se puede hacer una foto panorámica con una sola mano y en pocos segundos con la aplicación nativa. Sin sistemas elaborados para buscar los bordes de fusión de cada fotograma ni tiempos de espera para procesar posteriormente el cosido de varias imágenes.

Esto quiere decir que es bastante fácil encontrarme por la calle haciendo una especie de saludo torero pero cambiando la montera por un teléfono, pues la forma de ejecutar el panorama es girar sobre uno mismo desplazando el teléfono para cubrir el ángulo deseado. El número de panorámicas hechas en este tiempo ha sido espectacular. Nótese que sin haber mencionado el tema hasta este momento ya llevo coladas tres fotos panorámicas. A veces incluso llego a usar esta función para algo que no sería considerado un panorama. Es solo que me apetece hacer la foto en un formato más cercano a la proporción 3:2 que al estándar 4:3 habitual en las compactas.
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Playa en Nerja, Málaga.
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El mismo lugar alargando más el panorama.
Ahora es mucho más fácil meter en una sola foto armatostes como las populares Setas de Sevilla, tan encajonadas en la Plaza de la Encarnación que resulta difícil abarcarlas.
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Cuando hablamos de panorámicas tendemos a pensar en fotos amplias a los lados.
Pero experimentar en vertical resulta fascinante hasta tal punto
que algunas cosas aparecen totalmente desconocidas.
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En ésta y en la siguiente foto el último tercio superior está justo encima de mi cabeza.
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Con esto no quiero decir que el dichoso telefonito sea lo mejor que uno se pueda comprar para estos menesteres. Los hay mejores e incluso uno que hace RAWs pero una compacta con posibilidad de raws sigue siendo una opción superior. Sólo quería dejar unos ejemplos de lo que se puede llegar a hacer hoy en día, cuando no llevas encima otra cosa que un teléfono en el bolsillo.

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Torre Pelli y Torre Schindler junto al Guadalquivir.
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Torrox, Málaga.
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Bicicletas en la Plaza Nueva, Sevilla.

Tranquilos que no abandonaré mis réflex, ni las pondré en venta.

Por último: volviendo sobre la foto del afinador de claves.
Versión iPhone
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Versión Canon EOS 5D Mark II, ISO 640
(ahhhh, esos reflejos de la madera en la cara...)
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PD: Por cierto, mañana es el cumpleaños de este blog.