domingo, 6 de septiembre de 2009

Cinco Días en Nueva York - Reflexiones fotográficas

En esta última entrada he querido reunir las reflexiones surgidas de la realización de estas fotos, en parte para poder hilarlas mejor y en parte para no alargar más el relato del viaje.

He dedicado bastante tiempo a seleccionar fotos del buen número que tomé y decidir lo que se puede enseñar y lo que no. La edición fotográfica, como ya he comentado alguna vez, es quizás la parte más difícil del proceso fotográfico. Hace falta un pequeño esfuerzo para deshacerse de fotos que no tienen suficiente interés para el público en general pero que si lo tienen para uno mismo por la implicación personal en la toma.

Algo importante que he confirmado en este viaje y que venía comprobando hace ya tiempo pero que no acababa de ver claro debido a que últimamente el mayor volumen de mis fotos son hechas bajo el techo de teatros y no en la calle: mientras menos equipo llevo encima mejores fotos hago. Excesivo equipo me lastra en mi capacidad de reacción en ciertos temas cuando uno está en la calle. Afortunadamente me convencí de esto (ya debería haberlo hecho hace tiempo) en mi primer día y por ello actué en consecuencia a partir del segundo dejando en el hotel lo que decidía que aquel día no me iba a hacer falta.

A pesar de mi afición a los objetivos fijos y a no llevar más de dos encima he pecado en este viaje de llevar encima demasiado trasto para la foto callejera. Quizás no lo es para estar 3 o 4 horas en la calle pero si cuando estás más de 12. En concreto:

  • EF 20mm f2,8
  • EF 24-70 f2,8L
  • EF 70-200 f2,8L IS
  • EOS 5D Mark II
Todo ello debido a lo que creo nos pasa a todos. En cuanto hacemos fotos a una distancia suficientemente importante como para no poder volver a casa por algo que se nos ha olvidado, nos llevamos todo el arsenal.

Ha sido la primera vez de seis viajes a USA que he prescindido de llevar 6 ópticas fijas entre 18 y 200mm. En los viajes anteriores mis estancias eran superiores a tres semanas y me podía permitir llevar todo eso encima porque hacía fotos más relajadamente debido a la cantidad de tiempo que pasaba allí y a que muchas veces disponía de coche.

Pero ahora eran 5 días en Nueva York y 5 en Ithaca. Y uno quería aprovechar la estancia a tope. Todos los días estaba en la calle a las nueve ya desayunado y la hora más temprana de regreso por el hotel fue entre 10 y 11 de la noche sin contar dos escapadas puntuales para fotografiar el bullicio de Times Square a las 12 de la noche.

Iluso pensé que llevar de 24 a 200mm repartido en dos zooms aliviaría el peso. El conjunto en una bolsa Think Tank al que añadí un fijo 20mm sobrepasaba los tres kilos (¡se trata de Nueva York y cuando quieres fotografiar un edificio dificilmente entra en el fotograma!). Demasiado peso para llevar durante tantas horas caminando ya que excepto el metro todos mis trayectos los he hecho a pié. Así que el 70-200 se quedó a partir del segundo día en el hotel y sólo volvió a salir para tres temas puntuales.

El otro punto importante de este viaje es que como siempre que abordo algún tema nuevo en fotografía sufro cierta tensión (nada grave por supuesto) hasta que empiezo a sospechar que ya llevo en el bolsillo algunas fotos que me llenan. Y la regla se volvió a cumplir. En el tercer día me relajé y creo que empezaron a salir mejores fotos. De hecho una de las que más me gustan está hecha sólo 7 horas antes de regresar a España cuando de vuelta a Nueva York desde Ithaca me fui a Grand Central a matar las pocas horas que me quedaban para irme al aeropuerto.

Con esto quiero decir que si viajais por primera vez a esta ciudad no escatiméis tiempo de estancia. Tanto si el motivo es fotográfico como puramente turístico. Pero especialmente en el primer caso. Aún contando con la climatología adecuada, y con ello no siempre me refiero a días de sol y cielo azul, mirar bien requiere de paciencia y no mirar el reloj.

Impaciencia pura son las palabras que definen este viaje. Sí, sí, lo sé. Se contradice con lo que acabo de decir justo en el párrafo anterior. Habían pasado 9 años desde mi primera estancia en Nueva York y ésta es una ciudad donde prácticamente en cualquier calle tienes excusa para darle al disparador.Todo eso con el añadido de estrenar una cámara nueva sólo una semana antes de iniciar el viaje.

A partir del tercer día dejé de disparar compulsivamente. Dejé que la vida fluyera delante de los ojos y sólo me llevaba la cámara al ojo cuando intuía que algo podía ser interesante. De ese día son las fotos del taxi contra el graffiti o del saxofonista en Bethesda.

Central Park también fue un lugar en el que disfruté muchísimo y que justificó llevar encima el 70-200. La novedad del Beisbol supuso un buen número de Gigas gastados en tarjetas. Pero es que encuentro este deporte visualmente fascinante, al igual que otras costumbres de Norteamérica, sean deportes o no. Seguramente influenciado por libros como el de William Albert Allard.

Quizás echo de menos fotografiar parte de la América profunda que fotografié hace unos años cuando viajé por ciudades menos cosmopolitas. Pero ahora tocaba New York, con sus tópicos. Ya vendrán otros viajes.

Cars

Casino

Hey You!

Ciertamente podría haber encontrado parte de esto que digo en Ithaca, un lugar bastante particular que a pesar de vivir a la sombra de una gran universidad como Cornell tiene bastantes aspectos interesantes de la América rural como para buscar tema fotográfico. No los exploté. En parte porque eran días reservados para pasarlos en compañía de mis amigos pero también porque estaba literalmente agotado tras cinco días pasando más de 12 horas en la calle con el equipo fotográfico a cuestas.

En cualquier caso, el día que regresaba a España gastaba mis ultimas horas antes de irme al aeropuerto JFK, en la estación Grand Central, en la que ya había estado hace una semana. Estuve una media hora dándome una vuelta mientras observaba el movimiento frenético de personas que buscaban sus andenes con demasiadas prisas como para pararse a admirar semejante panorama. No hice demasiadas fotos. Pero éstas son de aquella media hora.

New York, August 2009

New York, August 2009

Horas más tarde mientras esperaba el embarque de mi vuelo revisaba las fotos en la pantalla de la cámara. Y mientras las miraba pensaba en que, justo ahora que me iba había encontrado el estado que necesitaba para hacer las fotos que realmente quería.

Es iluso pensar que una ciudad con tanto tema se puede fotografiar en cinco días. Realmente pienso que ni siquiera un mes es suficiente, si realmente quieres captar la esencia del lugar. Ahora entiendo que los fotógrafos de National Geographic empleen meses para elaborar un reportaje que probablemente no lleve más de 15 fotos una vez publicado en la revista. Naturalmente tienen muchísimas más fotos de una altísima calidad que en muchos casos son usadas para publicar un libro monográfico sobre el tema. Estamos hablando de grandes fotógrafos. No de turistas aficionados a la fotografía.

Algún día... algún día planearé un viaje única y exclusivamente en función de la fotografía. Me da igual si sólo sirve para colgar las fotos en este blog. Pero quiero vivir esa experiencia.


2 comentarios:

Jorge dijo...

Hoy mismo he descubierto este blog gracias a @fotoaficionado y ya está guardado en favoritos esperando llegar a casa y deleitarme con calma, pero esta serie de post sobre NYC me han llegado al fondo del alma.
Enhorabuena por las fotos, por la manera de contar las historias, por todo.

Julio dijo...

Muchas gracias. Me alegra que te guste esta serie. Porque disfruté muchísimo haciendola y aunque la redacción me parece desastrosa me sentí muy contento con estas fotos. Me alegro de haberte captado.

Voy a tenerle que pagar un cafelito a @fotoaficionado por la promoción :-D