Un Domingo Sin Hora
Los fines de semana me gusta levantarme a esa misma hora. No me gusta robarle horas al día. Ya habrá tiempo de dormir cuando esté muerto.
Ayer, domingo, me desperté, como tantos domingos de mi vida. Preparé el desayuno y lo llevé a la cama. Isa, incorporada sobre el cabecero, y yo, sentado en el borde. Nuestro ratito de charla mientras saboreábamos el café, bendito café. Después, una ducha.
Me fui a comprar el periódico. Ni siquiera me había dado cuenta de que los relojes se habían atrasado una hora. Cosas de la automatización. El maldito horario de invierno ha llegado.
Un momento, un momento... ¡paren las máquinas! ¿En serio?, ¿un periódico?, ¿yo?, ¿un tipo tan digitalizado? Sí, así ha sido. Lo explico.
Hace muchos, muchos años, pero muchos, tantos que tenía acné, estudiaba bachillerato y compraba los domingos un ejemplar de El País. Solo los domingos... Lo repito: era estudiante, dinero... poco. El motivo: El País Semanal, que lo acompañaba.
Allí descubrí a Sebastião Salgado, pero también a otros fotógrafos como Cristina García Rodero, Chema Conesa, James Nachtwey, Annie Leibovitz, Isabel Muñoz, Alberto Schommer, Alex Webb, Peter Lindbergh, Richard Avedon... y tantos que me dejaré en el tintero. Dispares entre sí, pero todos tan buenos...
Un día, uno cualquiera, sin darme cuenta, dejé de comprar periódicos y suplementos dominicales. Los artículos de estilo y tendencias ocupaban demasiado espacio. Dejaron de interesarme. Mis necesidades informativas las cubría en internet, que, de paso, me permitía leer varios diarios, incluso de signo político contrario, para contrastar. Algo que hoy en día es más fácil que nunca, pero se practica poco. ¡Es tan cómodo pensar que nuestro pensamiento es el único acertado!
Lástima que los diarios de hoy no sean ni la sombra de lo que fueron. Volvería al papel.
La entrada Un Domingo Sin Hora apareció primero en A Través del Cristal



Comentarios
Publicar un comentario