Retorno a Venecia

Visité Venecia hace ya algunos años regresando con la clara intención de volver. Programamos en dos ocasiones este viaje pero tuvo que ser pospuesto y por ese motivo empezó a convertirse en un destino muy anhelado.

Tantas ganas teníamos de volver que temía que luego nos desilusionara. Para Isa era su primera vez y para mí era un regreso tras siete años. En ese tiempo se ha escrito mucho sobre los males que aquejan a esta ciudad que la han convertido en la referencia para hablar de la turismofobia, un mal que padecen ciudades víctimas de su atractivo turístico. A este fenómeno se le ha acabado llamando El Síndrome de Venecia, expresión que se aplica a ciudades que sufren la invasión de un turismo depredador que gasta su dinero en negocios con precios inflados pensados para clientes a los que no volverán a ver. 

Hace tiempo descubrí el documental El Síndrome de Venecia (2012) y ante la proximidad de este viaje lo volví a buscar pero guardándolo hasta el regreso. El tráiler no rebosa optimismo y no quería que me condicionara. Presenta una imagen de invasión turística devastadora acentuada por el efecto de las imágenes en Time Lapse y los planos con teleobjetivo compactando las masas de personas deambulando por San Marco. Muestra el desánimo de venecianos ya mayores que conocieron otras épocas más tranquilas cuando la temporada turística era de seis meses al año, familias que se marchan al continente incapaces de sobrellevar el incremento de los precios de la vivienda y la desaparición de servicios imprescindibles para el ciudadano.

¿Significa esto que mejor emplees tu dinero en otro destino turístico? Rotundamente no. Queremos volver otra vez. Aún existe una Venecia alejada de las hordas de turistas que gastan sus euros en locales decadentes que viven de las rentas de tiempos pasados o en un sombrero de Casanova que probablemente compartió espacio en un tenderete al lado de un reclamo tan veneciano como una camiseta de Messi. Turistas que caminan largas distancias, palo de selfie en alto, que sólo son capaces de admirar la belleza de la ciudad a través de la pantalla del móvil en busca del selfie perfecto que pete sus redes sociales.

¿Visitar el Palacio Ducale o el Campanile? ¡Por supuesto!, no hay que renunciar a ello y merecen  mucho la pena. La característica de esta ciudad es el contraste, que hace posible que a solo unas calles de la plaza de San Marcos puedas encontrar en un entorno histórico cosas tan aberrantes como  tiendas de Gucci, Prada, Versace... Pero si cruzas el puente de La Academia puedes encontrarte callejeando entre tiendas de artesanos y pequeñas galerías de arte. Sólo es cuestión de caminar en dirección contraria a la masa y en pocos minutos encontrar calles tranquilas y canales poco transitados. Cerca de la zona de San Barnaba puedes  encontrar pequeñas osterias donde no verás la manida pizza y podrás degustar otro tipo de platos rodeado de venecianos.

En lo fotográfico, me daba miedo volver a repetir fotos hechas en mi anterior viaje. Venecia se da al exceso fotográfico. Es muy fácil volver con las tarjetas cargadas, lo que no quiere decir que lo traigas todo. Sí, he vuelto a fotografiar el Gran Canal en lo alto del puente de Rialto, ¿cómo evitarlo?. Pero como siempre no empecé a sentirme cómodo con las fotos hasta el tercer día. 

Las fotos que más me gustan no son precisamente las que esperaría alguien que quiere ver fotos de Venecia. Calles con poca gente por la tarde-noche. Incluso calles totalmente vacías. 



Volví a fotografiar el mercado de Santa Sofía que la última vez descubrí cuando ya estaba cerrado, y ya sabéis lo que me gusta fotografiar mercados. Y como se puede ver, a pesar de la cercanía al puente de Rialto no está atestado de gente. Y no lo entiendo, ¡es tan interesante ver lo que compran para su casa en otros lugares!






Perdonad que no haya atacado esta primera entrada con un montón de fotos de góndolas. En breve corregiré el error con fotos más postaleras. Ci vediamo!





Comentarios

  1. Bueno, fotos de guía turística de las que crees que han ido con todo el equipo para cortar las calles y sacarlas vacías. Has conseguido moverme el tonto de volver porque ya estoy cantando lo de Que c’est triste Venise, au temps des amour morts.... que c’est triste Venise quand on no s’aime plus....

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  2. Jajaja, qué más me gustaría que tener el renombre como para ir cortando calles y parando el tráfico. Me alegra haber provocado el deseo de volver.

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