sábado, 6 de febrero de 2016

Arriba y Abajo

Ayer estuve en el ensayo general de El Barbero de Sevilla, disfrutando de las luces a la vez que de la música. La preocupación de los fotógrafos que acuden a los pases de ensayo siempre es cuanta luz tiene la escenografía. Aunque hoy las cámaras más nuevas usan ISOs estratosféricos abusar de él no conviene nada por diferentes motivos incluido sobre todo el de la aparición de ruido. En mi caso que sigo funcionando con una ya vieja 5D Mark II y otra aún más vieja 5D Mark I, (para estos tiempos digitales lo son) mi tope para sentirme a gusto es 800 ISO. A partir de ahí empiezo a ponerme nervioso si veo que me tengo que hacer demasiadas fotos por encima de eso. Odio el falso grano digital y huyo de él con la misma fuerza que abrazaba el grano químico del blanco y negro.

El Barbero de Sevilla es una producción del Teatro Maestranza y eso no garantiza que la luz vaya a ser abundante o escasa según la obra. Pero una cosa si es segura y es que la luz será de calidad, y si no, a las pruebas me remito.

En esta ocasión a pasar de tener cuadros escénicos muy similares hubo tiempo para tener luz solar entrando lateralmente por las ventanas, luz nocturna, luz de velas, amanecer... un auténtico gustazo.

Fachada de casa sevillana, tan realista que parece arrancada y traída de la calle.

Los que me conocéis ya sabéis que me he quejado bastantes veces de no tener suficientes ocasiones para fotografiar a la Orquesta Sinfónica de Sevilla. Esto hace que hace que lo celebre mucho cuando surgen ocasiones como las de Fernando Velázquez o Bruce Broughton. La ópera somete a la orquesta al anonimato del foso que apenas deja ver algo más que la cabeza y la batuta del maestro al frente. Ayer sin embargo me encontré a la orquesta en su foso a una altura bastante mayor de lo habitual, todo ello para que el sonido tanto de ella como del clave, tan protagonista en esta obra, no estuviera tan encajonado. Esto quiere decir que ayer en una localidad de patio se podía ver a los músicos en su quehacer. Que sí, que ya sé que vamos a ver lo que está encima del escenario pero es que a mí también me gusta ver lo que pasa debajo.

Así que pude cumplir una deuda pendiente y ésa era la de darle el protagonismo que se merece la ROSS en una ópera donde por norma permanece oculta en mis fotos. Aunque la deuda no estará saldada del todo hasta que un día me meta en el foso mientras tocan.


Por supuesto esto es sólo un adelanto. Necesito revisar los tropecientos archivos antes de hacer una entrada dedicada. Así que dadme un día o dos si os apetece ver más.

2 comentarios:

juan dijo...

Como siempre es un placer tu comentario sobre el trabajo hecho igualmente de tus fotos que tanto admito
Un saludo Nito

Julio Rodriguez dijo...

Juan, las cosas como son. Ésta es una ópera para disfrutar con la música y también con los ojos. Enhorabuena.