lunes, 18 de febrero de 2013

New York, New York...


Volver de nuevo a la Gran Manzana nunca se hace demasiado pronto. En 2009 la visité en solitario y supuso una enorme paliza de la que no quería escapar: demasiadas cosas que ver y demasiados pocos días para ello. Una visita reglamentaria no debería bajar de un mínimo de diez días. Diez días permiten hacerlo de forma relajada, haciendo las pausas necesarias para paladear las sensaciones y permitiendo que se revelen nuevos placeres que un recorrido acelerado ocultará. Una visita al Metropolitan requiere pasar el día en él incluso para comprobar que aún no lo has visto todo. Dejadme que os cuente y veréis el por qué de mi afirmación.

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La pared muestra una fotografía de cada uno de los tesoros que el Metropolitan alberga

La útlima vez viajé en solitario y esta vez lo hacía en compañía de una amiga que hacía su primer viaje al continente americano. En nuestras charlas le vendía Nueva York tan bien que tenía miedo de que sus expectativas superasen la realidad. Me conozco y la cinefília me hace describir los lugares como si fueran el fotograma de una película de Woody Allen. Cuando hablo de cualquier calle mi imaginación coloca automáticamente alcantarillas humeantes, trampillas abiertas de almacenes subterráneos de  tiendas de barrio, vendedores de perritos calientes y taxis amarillos. Pero no cualquier modelo de taxi sino uno como éste. El conjunto no está completo si no es añadiendo cualquier melodía de Gershwin. Se da por sentado que lo visualizo en Cinemascope y Technicolor, no puede ser de otra forma.



El viaje se gestó desde febrero hasta agosto. Hubo tiempo para todo. En realidad hubo demasiado tiempo. Leímos, consultamos y buscamos tanta información que antes de partir ya sabíamos que volveríamos sin verlo todo. No hay mal que por bien no venga. Como dice alguien que entiende mucho de viajes, siempre hay que dejarse algo en el tintero que se convierta en la excusa para regresar.

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Nuestros ordenadores ardiendo en busca de información

Esa necesidad de cumplir las expectativas que creaba con mis descripciones me hicieron exigente. Y la noche de nuestros primer paseo por Nueva York me pareció una ciudad más ruidosa de lo que recordaba que olía más que nunca a comida rápida. Los taxistas eran maleducados y los conductores de bus antipáticos. De repente me vinieron pasajes de la primera parte del libro Ventanas de Manhattan de Muñoz Molina con esas descripciones tan hostiles de la llegada a la gran ciudad. Afortunadamente estas sensaciones se atenuaron tras ese primer contacto, más bien impacto, con la ciudad que por el momento yo miraba a través de los ojos de ella.

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Lo que me ha movido escribir de una vez por todas esta entrada que viene con un retraso impropio de mí ha sido la reciente lectura de Lugares Que No Quiero Compartir Con Nadie de Elvira Lindo. Un libro muy recomendable por si solo pero más aún si se tiene prevista una visita a la ciudad. El mío está lleno de subrayados y ahora debería llamarse Lugares que no Quiero Dejar de Visitar.

La demora de esta entrada se ha transformado en algunas ventajas. Por un lado el hecho de ver el viaje desde la perspectiva de algo ya lejano en el tiempo y que se mira con nostalgia pero también con la serenidad que proporciona hablar de algo que no es reciente. Por otro porque me ha obligado a volver a revisar las fotos, a veces a reprocesarlas, también a descartar fotos seleccionadas pero también a añadir algunas otras que en principio desprecié. Comparado con mi anterior viaje el número de fotos es menor y creo que de una naturaleza distinta. Mucha foto de interior y de museo, también fotos de calle que podrían haber sido tomadas en cualquier otra ciudad.

Si volviera ahora creo que me decantaría por fotografiar este tipo de lugares no reconocibles, personas desconocidas, situaciones que como mucho podríamos identificar como Neoyorkinas pero sin ser cualquiera de los iconos tan extendidos. Echo de menos, no solo aquí sino en otros lugares que he visitado, el poderme quedar tanto tiempo como para empezar a ver esos sitios desprovisto de la mirada del turista. La selección de fotos que he hecho para esta entrada me incita a volver para verlo en blanco y negro, despacio, esperando, dejando que las cosas sucedan tal como una vez me dijo David Alan Harvey.

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Ñam, Ñam...

Hablaba al comienzo del olor a comida rápida. Quien haya visitado Nueva York sabe que uno no tiene por qué sucumbir a este tipo de alimentación. Pero es imposible no reparar en su omnipresencia. Creo que el neoyorkino es una evolución de la especie humana adaptada para comer mientras camina o de pie en cualquier esquina. Como sevillano la única comida que me siento capacitado para consumir de pie son las tapas. La comida se disfruta más sentado. En Nueva York no solo se come a cualquier hora sino en cualquier lugar, literalmente.  Desde el manido café al consabido sandwich pasando por una sopa o una ensalada.

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Tanto es así que en nuestra visita a la Biblioteca Pública encontramos una exposición, Lunch Hour, dedicada a la evolución de la comida fuera de casa en la ciudad de Nueva York, la creación de la comida que se podía llevar en la mano, los primeros locales de comida rápida... más interesante de lo que a priori podría parecer. Revisando los folletos que traje encontré que finalizaba precisamente ayer, así que espero que el enlace aún siga activo.

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La Biblioteca Pública ya es una vieja conocida pero es tan absolutamente fantástica que merece la pena repetir una y otra vez. Algunos de sus empleados parecen llevar tanto tiempo como el propio edificio.

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Museos, Momias y otras Lindezas

Dos visitas: Metropolitan y MoMA. Una asignatura pendiente: el International Center of Photography, lo que demuestra mi teoría de los diez días y bla, bla, bla... Cualquier museo implica un mínimo de medio día para mal visitarlo. No exagero. Los restaurantes de ambos museos están llenos a cualquier hora de personas que hacen acopio de fuerzas para continuar con la inmersión artística.

Lo interesante no solo está en las paredes. Los edificios constituyen por si solos un motivo de interés sin contar que esta vez solo estuve en el Guggenheim únicamente por fuera. Contemplar el trasiego de visitantes tan dispares, los grupos organizados, artistas tomando apuntes, padres persiguiendo a niños que ya han visto demasiadas momias, vigilantes de sala celosos de que nadie ponga un dedo donde no debe o traspase la línea prohibida. A continuación unas cuantas fotos, creo que no es necesario indicar que foto está hecha en qué museo.

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Jazz en Tacita Pequeña

Como alguno de vosotros sabéis este viaje comenzó en Boston con motivaciones claramente musicales. La visita a Nueva York no se iba a quedar sin su correspondiente homenaje. Y no, no vimos ningún musical en Broadway, que raro ¿verdad?. En su lugar fuimos a una de las catedrales del jazz, el Village Vanguard. Un pequeño club de jazz en el Greenwich Village por donde han pasado músicos de la talla de John Coltrane, Bill Evans o Dexter Gordon.

No teníamos un músico conocido en el programa de la semana en que estaríamos por allí pero igualmente queríamos visitar ese lugar a modo de peregrinaje. Tocaba un tal Ethan Everson, así que buscamos en Spotify y tras la escucha decidimos que la visita iba a merecer la pena en todos los sentidos. Mi única pena es que no estaba permitido hacer fotos durante la actuación y para no estar cargando toda la noche con una réflex decidí que la compacta era suficiente.

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Los Lugares Mil y Una Veces Visitados

El skyline desde Brooklyn, Central Park, Flatiron, Washington Square, Times Square. Los lugares donde si no has estado es que no has visitado la ciudad de Nueva York. Siempre tengo la sensación de que después de una tercera visita aún no me he saciado. A veces porque el tiempo no acompañaba para hacer la foto que buscaba, otras porque la visita fue demasiado fugaz y otras porque después de tanto volver aún no he visto algunas cosas. El aliciente de esta ciudad siempre se incrementa cuando te gusta la fotografía. Creo que si viviera allí sería incapaz de salir a la calle sin la cámara más aún de lo que lo hago. 

Un poco de todo.

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Algo de blanco y negro


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Y por último la foto de mi sueño en Cinemascope sin los adornos.
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Pero las mejores fotos de este viaje no están aquí...

13 comentarios:

Rosario Cabrero dijo...

Magnífica selección de instantáneas de tu viaje, aunque estoy segura que las mejores, mejores, las tienes dentro de ti.
Te sigo como siempre aunque últimamente no te haya escrito nada.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Sigo enamorada de tu blog y siempre que me encuentro una nueva entrada en mi correo electrónico de "A través del Cristal" corro a abrirla. Jamás me decepcionas, siempre disfruto con la lectura y mucho más con las imágenes (ya sabes de mi amor a la fotografía). Y como siempre me quedo con algunas curiosidades. Esta vez, he echado de menos que nos cuentes con qué equipo viajaste, qué objetivos te has llevado. Un fuerte abrazo Julio. Almurabi-Maribel.

Julio Rodriguez dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Rosario, sé que estás ahí. Eres de mis primeros suscriptores. Me visitan mucho desde Córdoba y cuando veo una visita "maquera" intuyo que eres tú.

Maribel, la próxima vez que vaya por Almería tenemos que vernos, nos hemos comunicado por aquí, por mail, por facebook y encima tenemos amigos comunes. Vaya, exactamente lo mismo ocurre con Rosario. Tendré que solucionar esto con vosotras dos con una cervecita de por medio. :D

Tienes razón. Esta vez no he dicho ni pío de cuestiones técnicas. Cuento un poquillo.

Como siempre que salgo fuera abuso de equipo para contrastar con el poco que suelo llevar encima cuando salgo de fotos por mis dominios.

Te diré que hice fotos con una 5D MkII pero también con una S90, una Gopro, un iPhone ¡y hasta un iPad!. Pero para tu alivio te diré que nunca salía con todo a la calle.

En realidad me llevé una mochila Lowepro con todo lo que quería llevar para portear en los aviones pero también metí en la maleta del equipaje una Thinktank urbana que era con la que realmente salía a la calle. Junto con la réflex me llevé 3 zooms, sí has leido bien, ya sabes que soy el pesado de las ópticas fijas. Pero también me llevé el 35mm y el 50mm fijos. Los zooms que llevé eran 16-35mm, 24-70mm y 70-200mm, los tres f2.8. También un flash y un transmisor remoto con el que hice algunas prácticas de strobist de las que algún día hablaré. Y añadí una de mis últimas mejores compras un Gorilla Pod que para los que no tenemos paciencia cargando con el trípode es un aliado perfecto. Por ejemplo, la foto del Skyline al final de la entrada está realizada con este Gorilla sujeto a una barandilla. Le he puesto una minirótula de acero de Manfrotto porque lo único malo del Gorilla Pod es la rótula de plastiquillo que venden para éste. También tengo que hablar de este trípode en alguna ocasión pues le he encontrado algunos usos añadidos que no estaban previstos como el poder colocar alguna unidad de flash en lugares imposibles (lo sé, hay muchas cosas que tengo que contar y me estoy tardando, últimamente ando experimentado muchas cosas pero quiero esperar a tener cosas decentes con las que me sienta contento para empezar a hablar de ello).

También llevé una tarjeta SD WiFi, con la que solia pasar las fotos de la S90 al iPad para enviar por mail. En fin, una barbaridad.

Nos vemos.

Sergio Arán dijo...

Me gustan las fotos, aunque en este post, justo en este post, me gusta más la crónica. Un abrazo

machbel dijo...

Buenas imágenes de una ciudad que siempre sorprende. Estuve 3 semanas en New York, y aún así me faltaron muchas cosas por ver, que ganas de volver!

Julio Rodriguez dijo...

Machbel, así que tres semanas... Acabas de ingresar con honores en mi lista de personas envidiadas.

mcmejias dijo...

Sí!!!Haciendo honor a la cabecera del blog aunque pluma y cámara resulten ya simbólicos de artilugiosos digitales y de un peso físico que ya, ya.

Esta vez no sé si decidirme por el artículo o por esas fotos tan evocadoras. Ninguna guía de viajes puede dar algo así¿Qué tiene esa ciudad de las mil caras (si te digo que para mí lo más neyorquino es la vida del Metro) para fascinar a tirios y troyanos?
Me han gustado mucho, aunque para ver el Flatiron he tenido que ir a Flikr.

Enseguida me hago con el libro, que no conozco, de E. Lindo.Lo último que tengo de NY es "Nueva York, Arquitectura desde el cielo, de Yann Arthus Bertrand,Ed. Lunberg, en español, que ya tiene un par de años.
Ha sido un gustazo.
Carmen

José Carlos DS dijo...

Estupendo relato y preciosas fotos, la verdad que es una de esas ciudades que están en mi lista de puntos calientes que espero visitar en los próximos años :)

Elphaba dijo...

Leo tu historia de amor con NY, y veo la mía con Tokio :)
A ver cuándo ambos conocemos al "amor" del otro!

Sebastien Sánchez dijo...

Vivo en New York,pero me deja una muy buena sensación la forma como describes tus emociones de viaje y ahora mi propia sensación es que debo aprovecharme un poco más de lo que tengo....

Julio Rodriguez dijo...

Carmen: lo que tiene NY es que "lo newyorkino" lo podemos encontrar en el sitio más insospechado. Puede ser el metro, la vaya de los corredores que rodea el lago de Jacqueline Kennedy en Central Park, el trasbordador a Staten Island o el puesto de perritos calientes de la esquina. Realmente casi nadie puede decir que no ha puesto un pie en NY. Lo ha hecho sin quererlo en cada película ambientada en la ciudad.

Julio Rodriguez dijo...

Elphaba: algún día habrá que hacer intercambio de parejas :D

Julio Rodriguez dijo...

Sebastían acabas de entrar en la misma lista que Machbel, dos o tres comentarios más arriba.
José Carlos, ¿vas a esperar años?... yo volvería mañana mismo, otra cosa es que pueda :(