jueves, 3 de diciembre de 2009

... y sin Condensador de Fluzo!

Pues sí. Ayer hice un viajecito en el tiempo. Sin buscarlo siquiera. Uno que andaba estos días buscando LA CAMA DEFINITIVA, remanso de paz para el descanso del guerrero a la par que excepcional patio de juegos, finalizó la búsqueda este lunes.

Hace unos años que me mudé a mi piso. Y desde entonces duermo en una habitación que aunque bien equipada para tal fin consideraba provisional a la espera de emplear la que en un principio consideraba más adecuada. Y durante todo este tiempo en esa habitación vacía he acumulado las cajas sin abrir que siempre quedan después de una mudanza. Los que hayan practicado alguna vez el noble deporte de la mudanza me darán la razón en lo que explicaré a continuación.

Por algún motivo que la ciencia aún no ha sabido explicar, las cajas que tras una mudanza no son abiertas y vaciadas, comienzan con el paso de los días a mimetizarse con el resto de la habitación llegando a pasar desapercibidas por una suerte de ceguera selectiva semejante a la que ocurre con los Post it pegados a la pantalla del ordenador.

Ayer por la tarde llegué a casa con la intención de vaciar la habitación para adecuarla a su nueva finalidad antes de que la nueva llegue. De repente la ceguera selectiva desapareció y fui consciente de la existencia de esas cajas que llevaba tiempo sin ver.

En el fragor de la batalla que supone separar lo realmente imprescindible de lo que puede ir directamente al cubo de la basura encontré un pequeño estuche que no usaba desde la conversión al credo digital. Su contenido:

  • 2 Kodak TMax 400
  • 1 Kodak TMax 3200
  • 2 Kodak Tri X 400
  • 3 Kodak EliteChrome
  • 1 Fuji Velvia 50
  • 2 baterías Varta CR2C5

Naturalmente todo ello perfectamente caducado.

Todo un tesoro que cuesta su buen dinerito (más que una tarjeta SD) y que hoy en día no vas a encontrar en la tienda de fotografía del barrio a menos que sea bastante especilizada.

Aunque después de la compra de mi primera digital seguí haciendo fotos con película, fui abandonando el hábito poco a poco en aras de la mayor libertad de disparo que te dan la nuevas cámaras donde cada click no tiene el sonido de una caja registradora de las de antes.

Esas películas que tenía guardadas para un "por si acaso" fueron olvidadas poco a poco por arte de la mimetizacion de una caja de cartón. Y todo eso el mismo día en que me entero que Sebastião Salgado (genuflexión en señal de admiración) ha abandonado sus legendarias Leicas para abrazar la nueva tecnología digital, si bien por motivos ajenos. Es como si hubiese recibido de golpe y porrazo dos mazazos analógicos. Por un lado constatar que hace tiempo que me pasé al lado oscuro de la fotografía y por otro comprobar que mi más admirado fotógrafo, adalid de la fotografía en película blanco y negro, también ha dado su brazo a torcer.*

Teniendo esos carretes en mi mano tuve la tentación de volver a experimentar la sensación de no poder comprobar lo que uno había conseguido hasta que salía del cuarto oscuro con los resultados. Aún conservo todas las cámaras que he tenido incluida la Kodak Instamatic 100 con la que hice mis primeros disparos cuando aún usaba pantalones cortos sin necesidad de estar de vacaciones. Así que la posibilidad de usar estos carretes es factible. Pero dado lo avanzado de la fecha de caducidad decidí que el cubo de la basura era el camino más lógico.

También pude encontrar varias cosas que hicieron más intenso el viaje al pasado. Revistas de cine viejísimas, algunos suplementos dominicales con reportajes que me impactaron. Dominicales de un tiempo en el que aún se publicaban grandes reportajes que hoy en día son difíciles de encontrar sustituidos por contenidos más cercanos a un manual de estilo para ser un tipo cool que a una publicación periodística. Ya se sabe que lo que se va a comprar el domingo por la mañana en realidad es la cubertería conmemorativa del Ibericas F.C., el edredón de la Champions o el ajedrez con figuritas de Lladró edición limitada. Y con todo eso además te regalan un periódico. De hecho no sé por qué la gente se empeña en equipar la casa en Ikea cuando lo puedes solucionar con un par de visitas al kiosko de la esquina en cuatro domingos, y además te dan algo para leer, ¡oiga!. (No es broma: ver ejemplo.)

También encontré algo con lo que disfruté mucho: la relectura de viejas cartas de la era pre e-mail de amigos con los que ahora me comunico electrónicamente. Realmente agradable releer e incluso recordar viejas fotografías de las que hablabamos en esas cartas así como de proyectos comunes para viajar.

En fin, como la semana que viene tengo que hacer una visita a la tienda de fotografía lo mismo me animo y me compro un par de carretes.

* Nota: Sebastião Salgado está realizando su último proyecto: Génesis. El aumento de las medidas de seguridad en los aeropuertos tras el 11-S y la dificultad que suponía el conseguir que revisaran manualmente todo el material fotográfico en los controles de seguridad sin pasarlo por Rayos X hizo que se planteara usar cámaras digitales.

Emplea respaldos digitales de medio formato y una Canon 1Ds. Los archivos son tratados para conseguir la textura de las películas Kodak que siempre ha usado. En este enlace se puede leer parte de la charla/entrevista que dio en Mayo de este año en San Francisco.

Enlaces relacionados (en inglés):





4 comentarios:

Manuel dijo...

Hola,Julio.A través de José María Durán, he tenido la fortuna de disfrutar como un enano de tus fotografías. Aunque no me dedico artisticamente a esa disciplina (yo más bien me decanto por la pintura y la música), me siento emocionado por muchas, muchas de tu fotografías y especialmente porque el blanco y negro me encanta. Atisbo una cierta nostalgia analógica ¿me equivoco?, a mi me ocurre otro tanto en la pintura y la música, pero qué quieres, cuando te das cuenta que con un ordenador y unos cuantos programas puedes hacer lo que antes te costaba horas de trabajo con lápices y óleos, o buscar los músicos e instrumentos adecuados, es difícil resistir la tentación. Me gustaría charlar contigo al respecto. Saludos.

Sergio Arán dijo...

La existencia de las cajas invisibles es una realidad. Y lo de los post-it es incuestionable.

A mi me pasa cada vez que llego a un sitio nuevo. todo me parece maravilloso. Las cosas están en perfecto estado. Limpio. Y al cabo de un rato, cuando ya me conozco el lugar, descubro cosas que son tan obvias que no comprendes como las pasaste por alto: ni está limpio, ni es bonito y a lo mejor, está absolutamente destrozado por el tiempo.
Me pasa muy, muy a menudo: hace más o menos un año tuve que hacer un reportaje en una famosa terraza de copas de Las Palmas. Cuando llegué, me encantó. Pensé "cada foto va a ser buena porque el marco es bueno" (y yo sólo fotografío gente para las revistas de sociedad de aquí). Pero he tenido que volver a esa terraza en muchas ocasiones y cada vez descubro que fotografíar allí es penoso, porque los muebles, la barra, la decoración... todo está demasiado destrozado. Y no ha cambiado la terraza, ha cambiado mi observación de esa terraza.

Julio dijo...

Hola Manuel.

Gracias por tus palabras.

Pues sí, algo de nostalgia hay. Cómo negarlo. Recuerdo haber ido la primera vez a Nueva York y regresar con veintitantos carretes en blanco y negro y tres en color. Y no saber hasta mi regreso a casa si las fotos estaban bien o mal.

Sin ser amigo de revisar la pantalla de la cámara (de hecho tengo desactivada la visualización automática de las fotos) en el viaje de este verano a NY, cada noche cuando llegaba al hotel procedía a descargar las tarjetas en un disco duro con pantalla y lo último que hacía antes de acostarme era revisar lo que había hecho durante el día. Cosas como ésas te facilitan tomar decisiones como volver a un lugar de nuevo para exprimirlo más, o abordarlo desde otra perspectiva de la que no has sido consciente hasta que has visto las fotos que has hecho.

Desde luego, con o sin nostalgia, sería insensato no ver las ventajas de lo digital. Sobre todo en el terreno del aficionado.

Ahora tienes más control sobre lo que haces. Antes uno se podía romper la cabeza en hacer las mejores fotos y luego ver tu trabajo destrozado en el laboratorio o radicalmente diferente dependiendo de a donde llevases tus carretes a revelar. (Afortunadamente en mis comienzos descubrí que las diapositivas eran perfectas para aprender y saber qué es lo que hacías mal o bien)

Ahora puedes saber perfectamente si la toma es correcta. Ya sólo depende de tener bien calibrado tu monitor con la tienda donde hagas las copias para obtener resultados satisfactorios. El control ahora es total.

Y todo eso sin contar con que se acabó el miedo a tirar el dinero haciendo experimentos. Si la cosa no sale bien con mandarlo a la papelera de reciclaje es más que suficiente.

Hay que estar con los tiempos, si no aún estaríamos revelando negativos en cristal. Cuando surgieron las primeras cámaras con negativos de 35mm muchos las miraban con recelo.

Pero no por ello olvidar lo experimentado antes de la revolución digital y por qué no, retomarlo aunque sea como un mero divertimento.

Cuando quieras podemos hablar de esto. En la cabecera tienes el correo de contacto.

Sergio: por algún motivo que desconozco las cámaras tienen el poder de hipersensibilizar tu ojo y hacer que veas tu entorno con multitud de detalles que normalmente se escapan.

Personalmente, incluso con el simple hecho de llevar una compacta en el bolsillo voy mirando de otra manera. Aunque debo decir que mirar fotográficamente es prácticamente una enfermedad. Hace poco vino una amiga a mi casa por primera vez y me dijo que encontraba el mobiliario y los enseres como si estuvieran compuestos para ser fotografiados. A lo que yo contesté ¡que va, que va!. Están así porque sí... :-D

Anónimo dijo...
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